de Pedro García Olivo
Editorial: Brulot
Tema: Pensamiento Libertario
En el estado de pobreza práctica y teórica que se encuentra hoy día el movimiento antiautoritario –estado que no hay lugar para analizar aquí- puede parecer que un libro titulado “El Irresponsable” viene, de alguna u otra forma, a aceptar tal crisis y a proclamar –aprovechando la moda postmodernista- algún tipo de nihilismo individualista al uso, dada la imposibilidad de organización que demuestran las clases explotadas y la falta de conciencia de los movimientos revolucionarios, cuya “identidad” hoy día les viene diseñada desde las instancias del poder o desde los diversos izquierdismos –normalmente, de corte universitario-. Y puede ser que el punto de partida de Pedro García Olivo sea el nihilismo, y un nihilismo anarquista, que lo sitúa, a nuestro parecer, en una larga tradición antiautoritaria, más cerca de Stirner que de Proudhon o Kropotkin, y en aún más en el fondo –y en la forma-, de Nietzsche, Rimbaud o Artaud que del enfoque racionalista y cientificista –positivista- que invadió al movimiento obrero de finales del siglo XIX y principios del XX. Por entonces, ya se llevaba más de un siglo llamando la atención sobre la importancia de una educación revolucionaria para poder llevar a cabo los ideales del cambio: libertad individual y colectiva, autonomía moral y política. En los primeros años de la revolución francesa activistas como Babeuf postulaban derruir los cimientos de la educación tradicional porque esta era la baza fundamental de la clase dominante, la nobleza, para reproducir las condiciones de existencia. Igualmente, genios como el de Fourier, Proudhon o Stirner expusieron sus propias ideas al respecto, y Bakunín, tuvo que hacerse cargo de la cuestión educativa con motivo del congreso de Lausana de la A.I.T. (1867), en una serie de artículos en los que va a darle la vuelta al enfoque habitual: no es posible una educación revolucionaria si antes no se han puesto las condiciones que hagan posible la misma, es decir, si antes no se ha hecho la revolución. Y de ahí el debate: ¿es preciso una educación revolucionaria para la revolución o esta debe de ser anterior a aquella?. De ahí parten dos de las líneas maestras que van a ordenar la historia de la pedagogía libertaria hasta la actualidad. Otro debate importante girará en torno a la aplicación o no del principio de autoridad en la infancia. Para Bakunín, la libertad es algo que el individuo debe de ir conquistando conforme crece su autonomía y su capacidad para asumir responsabilidades. En ese sentido, vino a defender (Dios y el Estado) la necesidad de que los niños sean educados bajo la autoridad de los mayores y guiados hacia tales fines. Hoy día, enfoques como los de la Escuela Paideia y Josefa Martín Luengo se acercan a esta postura, bajo el argumento de que en una sociedad que manipula a los niños desde su infancia en valores como la competición, el hedonismo, el poder... se hace necesaria una “contramanipulación” en valores opuestos como solidaridad, responsabilidad, libertad... lo que se podría entender como una “educación para la anarquía”. Otras posturas, más cercanas a modelos propios de la cultura burguesa, rechazan por completo cualquier tipo de conducción en la infancia y plantean un antiautoritarismo de raíz, como es el caso de la conocida escuela Summerhill, de A. S. Neill. Desde la primera edición de “El Irresponsable” a cargo de la editorial 7 Entidades (2000), muchos han tratado de encuadrar a Pedro García Olivo y las ideas que este libro presenta dentro de alguno de estas líneas maestras de las ideas educativas libertarias, y ninguno ha podido acertar, precisamente porque lo que aquí ahora se re-edita no es un libro de pedagogía libertaria, sino una serie de textos que trascienden con mucho el ámbito de la preocupación de los “anarquistas” por la educación, pero que en todo caso también se acerca a contestar a esos debates aún abiertos. Además, el texto tambien comparte con esa tradición su idea básica: es en la educación donde se encuentra una de las claves fundamentales a tener en cuenta por toda conciencia revolucionaria. Es cierto que en muchas de sus páginas el autor analiza con mucha lucidez y profundidad los mecanismos que despliega la escuela para crear individuos dóciles y acríticos, para reproducir la propia subjetividad anulada del profesorado, y los lugares donde falla. Los roles que se establecen entre alumnos y profesores dentro y fuera del colegio, sometidos al análisis de Pedro García Olivo, reflejan las estrategias que el poder despliega en cualquiera de sus ámbitos para hacer posible la una sociedad cimentada en la autoridad. Este tipo de análisis es vital por varios motivos. Primero porque la autoridad se ha hecho invisible pero somete aún mas a los individuos. Tanto es así que buena parte de esa invisibilidad se debe a que ha sido interiorizada, asumida dentro de los mismos; por lo que la ausencia de libertad ya no necesita tanto de fuerzas del orden que la guarden, sino de subjetividades que sigan reproduciéndola. Desvelar las condiciones de como la autoridad es convertida en necesidad y la libertad en mero slogan publicitario se torna hoy imprescindible para la comprensión de la realidad vigente –y la autocomprensión del propio movimiento antiautoritario-. Y es claro que es en la escuela donde, además de en la familia, se lleva a cabo la primera domesticación decisiva de la capacidad de desear una forma de vida ajena a las “vías posibles” que el Estado-Capital permite; en definitiva, es en la familia y en la escuela donde el valor de la libertad se esfuma. Por eso es importante que el autor base en el estudio de la escuela y sus agentes socializadores su discurso, pues desde ahí es el mejor lugar posible para emprender la tarea del análisis generalizado del estado de cosas existente. Por eso puede ser que El Irresponsable pueda calificarse de nihilista, en tanto que negación de lo existente y búsqueda de un orden distinto, aunque sea en sentido negativo: mostrando lo que se odia se puede imaginar lo que se desea. Pero eso no lo convierte en una llamada a la irresponsabilidad sin más en un momento en el que precisamente esta es la que campa a sus anchas, tanto en el mundo “normal” como en el guetto “revolucionario”. Los conceptos del bien y del mal han sido construídos por los poderes fácticos tradicionales –Iglesia, Estado...- y se han visto sublimados y reforzados así por la cultura burguesa, y son asumidos en el esquema de comportamiento por los niños y reproducidos por los adultos gracias al gran poder que tienen los mecanismos de socialización que los inculcan. Una vida responsable respecto a lo que se asume acríticamente como bueno y malo significa una vida al servicio del Estado-Capital, pues sostiene los mismos valores. Quizás pudiera ser que precisamente la irresponsabilidad se convierta en una de las claves de la supervivencia del movimiento antiautoritario en lo que pueda tener de rechazo real de la autoridad, los valores establecidos, las convenciones sociales, los comportamientos “prefijados”... Precisamente por eso, ser irresponsable, esto es, asumir la desobediencia de raíz y la libertad como principio, puede convertirse en la tarea más responsable –de supervivencia, de búsqueda de nuevas posibilidades...- en un contexto de no retorno a las viejas esperanzas de la revolución.
Número de páginas: 106
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