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Las condiciones de aparición, extensión e impacto de la Covid nos dicen mucho sobre la relación entre capitalismo y naturaleza. Este virus ha entrado en contacto con los humanos por el efecto de la deforestación y la pérdida de habitats para muchos animales; se ha extendido por el mundo por las conexiones internacionales que demanda la globalización; y ha impactado e impactará de forma diferencial en los países y clases según el neoliberalismo y el austericidio haya atacado los sistemas de sanidad pública y concentrado a la población anciana. El virus nos devuelve la imagen de la forma en la que el capitalismo organiza las naturalezas humanas y no humanas. Y es que el capitalismo siempre necesita de nuevas zonas de extracción y apropiación para mantener bajos los costes de producción. La naturaleza no es algo externo al capitalismo, este la ha puesto a trabajar desde su inicio en el siglo XV. El capitalismo organiza de determinada manera a la naturaleza para conseguir materias primas, energía, alimentos y mano de obra lo más baratas posibles, de forma que la acumulación sea mayor. 

 

La distinción naturaleza-sociedad con su entronamiento como una naturaleza pura-bella-eterna frente a una sociedad ajena a lo natural no sirve sino para invisibilizar este hecho, la absoluta interdependencia que tenemos con los seres y circuitos naturales de los que somos parte y la absoluta interdependencia que tiene el capitalismo con procesos vivos. La naturaleza no es por lo tanto algo tangencial, algo que de vez en cuando interfiere de forma casual o catastrófica, ha sido y es un elemento absolutamente central para el desarrollo del capitalismo. Hasta el punto de que si no consigue más materias primas, energía, alimentos o mano de obra baratas, se agota la tasa de beneficio; cabe preguntarse si no es esto lo que ocurre en nuestros días y desde la década de los años setenta del siglo pasado, si no es la razón de su debilidad estructural y su refugio en las finanzas.

 

La globalización neoliberal ha exacerbado todavía más esta extracción y apropiación, tanto multiplicando la velocidad de destrucción, por ejemplo en los procesos de deforestación masiva de selvas, como explotando recursos de forma muy poco eficiente en términos energéticos como en el fracking o en la agricultura industrial. Resulta ahora obvio además que un sistema que se basa en la movilidad internacional de industrias o materias primas para maximizar beneficios permite muy poco margen de maniobra cuando las conexiones se hacen imposibles, como ahora en la crisis de la Covid y como se anuncia a corto plazo con el encarecimiento de la energía. No parece tanto entonces una cuestión de "salvar la naturaleza" como un ente separado, sino de que la naturaleza es parte constitutiva de la explotación del capital y que este ya no puede seguir apropiándose de las fuerzas naturales (entre las que se encuentran las humanas) como ha hecho hasta ahora. ¿Estamos entonces ante una crisis estructural del sistema capitalista? ¿Qué nos dicen las condiciones de aparición, extensión e impacto de la Covid sobre la relación entre capitalismo y naturaleza? 

 

Con el objetivo de superar la imagen de la naturaleza como algo separado e inmaculado respecto a las sociedades humanas, para visibilizar cómo la organización de la naturaleza por el capitalismo es un elemento estructural de la posibilidad misma de acumulación, os presentamos este itinerario con libros que analizan la centralidad de la energía, las materias primas y los alimentos para el orden actual, señalan la importancia de discutir la idea de naturaleza que tenemos así como ponen en valor experiencias y saberes de otras formas de vida.