CORRESPONDENCIA ENTRE ABEL PAZ Y GARCÍA OLIVER

TESIS SOBRE LA GUERRA CIVIL DE ESPAÑA
Imagen de cubierta: CORRESPONDENCIA ENTRE ABEL PAZ Y GARCÍA OLIVER
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Editorial: 
Coleccion del libro: 
Idioma: 
Castellano
Número de páginas: 
300
Dimensiones: 183 cm × 123 cm × 0 cm
Fecha de publicación: 
2016
Materia: 
ISBN: 
978-84-16553-66-2

En el cuaderno 38 se reproduce la correspondencia mantenida desde 1970 hasta 1979 entre Juan García Oliver, uno de los más destacados militantes anarcosindicalistas de los años veinte y treinta, y Diego Camacho Escámez, militante anarcosindicalista desde los años cuarenta hasta su muerte, autodidacta y sobresaliente historiador, autor bajo el seudónimo de ?Abel Paz?, de una biografía sobre Durruti, traducida a 17 idiomas y plagiadísima por una legión de oportunistas plumíferos, que la industria cultural fomenta y paga, porque pulidas las aristas y aguado el contenido, todo puede y debe recuperarse, venderse y consumirse.

La correspondencia abarca el período en el que Diego Camacho está ultimando la redacción de su primer libro sobre Durruti, y en el que García Oliver está redactando sus memorias. La relación entre ambos es muy difícil, y adquiere por parte de García Oliver unos tintes de despotismo y rechazo iniciales, que sólo la paciencia, la condescendencia y sobre todo la excelencia e inteligencia de las reflexiones de Diego Camacho consiguen sostener y prolongar.

En 1978 Juan García Oliver publicó en Ruedo Ibérico su libro de memorias, titulado El eco de los pasos. La redacción del libro fue una auténtica batalla campal, frase a frase, palabra a palabra, corrección a corrección, de García Oliver contra Martínez, su editor. En el archivo del Ateneu Enciclopèdic Popular (AEP) se guarda el manuscrito original; en el que se puede consultar unas páginas que rebosan correcciones de todo tipo: gramaticales, sintácticas, de estilo, etcétera. La edición del libro fue, pues, una guerra entre editor y autor, prolongada, agotadora y minuciosa.

Se trata de un libro de memorias redactado sin consultar fuente alguna de archivo, fiado a una memoria portentosa, pero no infalible, y por tanto fuente de errores que aquí no vamos a detallar ni analizar. El lector, en este mismo número de Balance, podrá leer la reseña que le hizo Abel Paz, en 1979.

Todas las cartas reproducidas se encuentran depositadas en el Centro Ascaso-Durruti de Montpellier, archivo y biblioteca a cuya fundación y sostenimiento Diego Camacho dedicó sus esfuerzos durante años. A ese centro cedió lo mejor y la mayor parte de su biblioteca y de su archivo personal, porque no halló en Barcelona ningún archivo ni biblioteca que se interesara seriamente por conseguir su cesión y custodia. Solía explicar la anécdota de cómo echó de su casa, a patadas, al director de un destacadísimo archivo barcelonés, porque le ofreció una cantidad ridícula por su archivo y biblioteca, al tiempo que Diego gritaba que él era y había sido pobre toda su vida, pero que miserable no lo había sido nunca, ni lo sería, y que su oferta era un insulto a la inteligencia y la honestidad. Ignoro si el excelentísimo director del archivo, azorado entre empujones y patadas en el culo, comprendió nunca la diferencia entre ser pobre y ser un miserable.

El interés de esta correspondencia entre García Oliver y Diego Camacho reside en la pasión, a veces obsesión, de ambos militantes anarcosindicalistas, de dos generaciones distintas, por una serie de hechos, problemas y temas fundamentales de la revolución y la guerra de julio de 1936, que se centran sobre todo en uno sólo: el Pleno de Locales y Comarcales de la CNT que aceptó el colaboracionismo de los anarcosindicalistas con el resto de fuerzas antifascistas y decidió la creación del Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA),organismo de colaboración de clases con el que se renunciaba a ?ir a por el todo?, y también a la profunda revolución que se estaba produciendo en las calles de Barcelona.

Las reflexiones expresadas por uno y otro, en la correspondencia sostenida entre ambos, tienen la virtud de ser concisas, pero de una gran altura intelectual y de una enorme valía militante, como se intentará poner de manifiesto a lo largo de todo el texto y en las conclusiones.

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Las tesis sobre la Guerra de España, reproducidas en el anexo, son la actualización de un viejo trabajo de Guillamón. Esas 32 tesis resumen, breve pero rigurosamente, años de investigación de cuyo fruto se redactaron varios libros. Son, pues, la condensación de la labor de toda una vida, con el propósito manifiesto de teorizar las experiencias del proletariado revolucionario durante el periodo de la revolución y la Guerra de España, en 1936-1939.

AUTOR/A

PAZ, ABEL

Abel Paz. Fue un historiador anarquista autodidacta. Nacido en Almería en 1921 vivió su infancia y juventud en los ambientes anarcosindicalistas que tanta presencia tuvieron en la Barcelona de la época. Exiliado en Francia en 1939 sufrió los campos del exilio y las compañías de trabajo de la ocupación alemana hasta que escapó y entró en España para luchar contra el franquismo. Detenido, condenado en Consejo de Guerra, inició un rosario de cárceles hasta que en 1954 rompió su libertad provisional marchando a Francia. Toulouse, Brezolles, Clermont-Ferrand y París forman parte de su geografía física en ese momento, como Antonia Fontanillas, Abelina Ronchera y Jenny Benimeli lo serán de su geografía sentimental. Tras la muerte del dictador volvió a España donde desarrolló una intensa actividad de difusión de las ideas libertarias así como la publicación de una docena de libros.

GARCÍA OLIVER, JUAN

Juan García Oliver (1901, Reus, Tarragona, España - 1980, Guadalajara, México) fue un significativo anarquista español a principios de siglo XX. Junto a Buenaventura Durruti, fundó el grupo de Los Solidarios, al cual posteriormente se le adjudicaron varios asesinatos, incluyendo el intento de asesinato del rey Alfonso XIII.<BR><BR>La figura de García Oliver está muy unida a la de Durruti, ya que después de las imputaciones de los asesinatos de éste hubo de huir a Argentina y a otros países latinoamericanos y europeos. Regresó en 1931 y se integro en la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Empieza por difundir la práctica cenetista y parece cierto que Ángel Pestaña y Joan Peiró pidieron que se organizase un grupo de compañeros para liquidar a Severiano Martínez Anido y a otros perseguidores de la CNT. Así nació Nosotros, con Durruti, Ascaso, Jover y otros compañeros. Ahora bien, si Pestaña y Peiró dejaron esta táctica en 1923, Nosotros y García Oliver la continuaron hasta 1933.<BR><BR>En 1931 declaró que había que lanzarse a la revolución sin esperar, y que los treintistas la remitían a fechas completamente absurdas. Pero en diciembre de 1933 se opuso a la tentativa de Durruti y Ascaso y la Regional aragonesa, cuando estaba de acuerdo para la de enero, todo ello sin estar en la FAI que aparecía como responsable y cuyos militantes luchaban.<BR><BR>En el congreso de la CNT de mayo de 1936, afirmaba que fue el artífice de la reunificación pero que su proyecto de ejército no fue adoptado a causa de la actitud de Federica Montseny, Diego Abad de Santillán y Miró, entre otros. Se puede observar, según los textos que publicó Elorza en Revista del Trabajo, n.° 32, que los proyectos para el Congreso de Zaragoza de los sindicatos de Santillán y García Oliver no se diferencian mucho, en particular para la cuestión militar.<BR><BR>Tras los días de lucha de julio en Barcelona (debiéndose la victoria según García Oliver a la organización dada por él) tuvo lugar un pleno de locales y comarcales el 23 de julio (pp. 171 y 184 y ss. de El eco de los pasos). García Oliver y la comarcal del Bajo Llobregat propusieron ir a por todo (es decir proclamar el comunismo libertario) pero hubo unanimidad en contra, y García Oliver se planteó las causas, pareciendo sugerir dos explicaciones: a) la ignorancia del anarquismo; b) la actividad de los grupos disolventes.<BR><BR>Cuando la CNT decidió entrar en el gobierno de la Segunda República durante la Guerra Civil Española, aceptó asumir el cargo de Ministro de Justicia bajo la presidencia de Francisco Largo Caballero, entre septiembre de 1936 y mayo de 1937. Meses antes ya había sido consejero de la Generalidad de Cataluña. Intentó convencer a los trabajadores para que se desarmasen durante los Jornadas de mayo de 1937 en Barcelona, llamando a un cese del fuego. Durante la Guerra Civil, manifesto: "Se esta dando un fenomeno en este guerra, y es que los fascistas cuando les atacan en una ciudad aguantan mucho y los nuestros no aguantan nada; ellos cercan una ciudad y al cabo de unos dias es tomada. La cercamos nosotros y nos pasamos alli toda la vida".<BR><BR>En Barcelona hubo una serie de enfrentamientos entre grupos revolucionarios y el gobierno republicano. Entre los primeros estaban los militantes anarcosindicalistas de CNT, FIJL, FAI; y el comunista POUM, principalmente. La central de Telefónica, en manos de la CNT, fue desalojada por fuerzas del orden republicano lo que provocó el estallido del enfrentamiento; barricadas, muertos, una guerra civil interna en el bando antifascista.<BR><BR>Algunos ministros del gobierno y/o dirigentes de la central sindical, como García Oliver, pidieron el cese del fuego así como la unión ante el fascismo, argumentando que era preferente ganar la guerra.<BR><BR>Algunos lo consideraron como un traidor hacia al anarquismo español, por haberse comprometido con el gobierno, mientras otros creen que aquellas concesiones eran necesarias para acabar con Franco.<BR><BR>En 1978 escribirá El eco de los pasos, de vital importancia para el entendimiento de la guerra del 36. Su intencionalidad en el libro se refleja claramente en la presentación donde textualmente dice: "En la medida de lo posible deben irse aportando ya los materiales de la verdadera historia del anarcosindicalismo en su aspecto humano, más importante que las manifestaciones burocráticas que tanto se han prodigado. Solamente la veracidad puede dar la verdadera dimensión de lo que fuimos. La verdad, la bella verdad solo puede ser apreciada si, junto a ella, como parte de ella misma, esta también la fea cara de la verdad."<BR><BR>Al finalizar la Guerra civil, se exilió en Guadalajara, México, donde murió en 1980.<BR><BR>Wikipedia

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