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Imagen de cubierta: MIEDO, OLVIDO Y FANTASÍA

MIEDO, OLVIDO Y FANTASÍA

OSORIO, MARTA

ISBN: 
978-84-9836-500-9
Editorial: 
Coleccion del libro: 
Idioma: 
Castellano
Número de páginas: 
800
Dimensiones:
170x240
Fecha edición:01/02/2009
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La historia de la investigación llevada a cabo por Agustín Penón sobre la figura de Federico García Lorca y las oscuras circunstancias que rodearon su muerte, es una larga historia.
Conocí a Agustín Penón y a William Layton cuando llegaron a Granada en 1955, en los días en que se estaba ensayando La Celestina por un teatro de cámara, formado casi en su totalidad por estudiantes, del que yo formaba parte. Ellos asistieron a algunos ensayos y Layton se interesó enseguida por mi trabajo como actriz. Viviendo ya en Madrid, donde me trasladé a finales de 1959 dispuesta a seguir intentando dedicarme al teatro, a principios de los sesenta me volví a encontrar con William Layton, que había decidido instalarse definitivamente en España. Y desde entonces una larga y profundísima amistad nos unió hasta su muerte. William Layton se ofreció a darme clases de improvisación desinteresadamente; así encabecé esa larga lista de alumnos que en España le han admirado y respetado y entre los que se encuentran tantos y tan magníficos actores, directores, escritores? A través de William Layton supe siempre de Agustín, que siguió viviendo en Nueva York. Y más tarde, cuando Penón visitó España de nuevo, tuvimos largas conversaciones, simpatizamos enseguida sintiéndonos afines en muchas cosas y sentí por él un gran afecto.
Agustín Penón había nacido en Barcelona (1920) y era hijo de exiliados. Llegó a Granada procedente de Nueva York, donde vivía, el 17 de febrero de 1955, guiado por la admiración que sentía por la poesía de Federico y la tremenda impresión que le había producido su muerte, con el único deseo de rendirle así su particular homenaje. Fue el clima de silencio y prohibición sobre todo lo que se refiriera a García Lorca que existía en Granada, diecinueve años después de terminada la guerra civil, y el descubrir que a Federico no lo habían matado inmediatamente después de ser detenido, como se había dicho, lo que le hizo cambiar de planes. Y el placentero viaje en vacaciones por Europa que había proyectado con un amigo, William Layton, se convirtió en la decisión de permanecer en Granada y emprender un trabajo de investigación. Allí unos y otros fueron descubriéndole el perfil humano de Federico, del que nada sabía, mientras intentaba acercarse a la realidad tan ocultada de su asesinato. Y, sin más armas que su propia pasión, Agustín se lanzó a un terreno peligrosísimo en el que recibió tremendas embestidas emocionales que le marcaron para toda la vida.
Durante algo más de año y medio Agustín permaneció en Granada desarrollando una actividad extraordinaria, habló con amigos y enemigos del poeta, visitó pueblos y viajó a Madrid varias veces para proseguir sus averiguaciones, se hizo con documentos y antiguas fotografías, descubrió manuscritos inéditos de Federico y consiguió ejemplares de sus primeros libros firmados por el poeta. Encontró después de una intensa búsqueda la partida de defunción de Federico, hasta entonces inencontrable. También se hizo con la matriz del único documento oficial en el que el régimen reconocía la muerte de García Lorca. Fue apuntando, día a día, todo lo que vio, escuchó, pensó y le fue sucediendo. Y fotografió con su cámara todos los testimonios que podían dejar constancia de su trabajo.
Cuando a final de septiembre de 1956 Agustín Penón dejó Granada para tomar en Cádiz el barco que le devolvería a América, llevaba con él todo ese riquísimo bagaje destinado a escribir el libro que en Granada había empezado a proyectar.
¿Por qué Agustín decidió un día no escribir el libro que contara el resultado de su investigación, después de entregarse de tal manera a su trabajo durante su estancia en España y haber seguido en su empeño en los primeros meses de su regreso a América? ¿Por qué no quiso que se conociera algo que le habría proporcionado un justo reconocimiento y seguramente también una buena compensación económica? ¿Por qué??
Agustín Penón nunca quiso hablar de ese tema que para él se había convertido en algo muy doloroso, ni permitió que nadie indagara en la causa de su abandono. Yo no creo, como a veces se ha dicho, que fuera por sus dificultades para escribir. Agustín era escritor, tenía esa originalidad de la mirada que hace que las cosas por él contadas cobren una nueva y absoluta realidad. Y eso está presente no sólo en sus borradores más acabados, sino también en todos sus apuntes y notas por imperfectos que sean todavía de forma.
Me parece que pudieron ser otras y varias las causas que le llevaron a abandonar y aplazar la terminación de su trabajo. La primera, la propia personalidad de Agustín, su manera de ser.
Agustín era un hombre esencialmente bueno, una personalidad quijotesca capaz de entregarse sin reservas cuando creía que el fin lo justificaba. Que nunca actuó, ni se ligó a nada ni a nadie, por intereses de ningún tipo y sólo obedeció a sus propias convicciones. Fue eso tan raro y tan difícil de encontrar: un «hombre libre».
Tuvo también muchas dudas a lo largo de toda su investigación sobre lo que estaba haciendo, por qué lo hacía y si debería publicarlo; así lo dejó escrito. En Granada conoció muy de cerca ese abismo de dolor, odios, venganzas y resentimientos que la guerra había abierto entre los españoles y con seguridad temió que su libro causara aún más daño perjudicando a las personas que le habían ayudado, por lo que pudo pensar que quizás sería mejor un aplazamiento.
El cansancio acumulado en un trabajo tan agotador como el que había realizado en España pudo ser otra de las causas. Y las dificultades de todo tipo, tanto personales como de índole económico, que encontró a su vuelta a Nueva York, ya que había gastado pródigamente durante la investigación todo el dinero que tenía, lo que le obligó a tener que aceptar trabajos eventuales de cualquier tipo para sobrepasar el bache. Y este cúmulo de circunstancias adversas pudo ser otra de sus razones.
Es posible que también influyera alguna otra causa más íntima y secreta en su decisión de renunciar a escribir y publicar su investigación entonces. Si Agustín hubiera decidido que su trabajo no valía o no debía ser conocido por las causas que fueran lo habría destruido. Pero no lo hizo.
Agustín Penón murió repentinamente en San José de Costa Rica el 1 de febrero de 1976. Una semana antes, William Layton, que en aquellos días se encontraba en Barcelona dirigiendo un curso para actores, recibió un paquete que contenía el auto o matriz de la partida de defunción de Federico García Lorca y todos los manuscritos inéditos del poeta que Agustín había descubierto en Granada, con una nota en la que decía: «Si me pasa algo quiero que queden en tus manos.» Fueron premoniciones de muerte.
Más tarde, también viajó hasta España una maleta con todo el material de esta investigación. William Layton, que deseaba que el trabajo de Agustín fuera publicado, conoció en 1978 al investigador Ian Gibson, que había oído hablar mucho de Penón en Granada desde que llegara en 1965 (diez años después d

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