NOSOTROS, LOS HIJOS DE EICHMANN

CARTA ABIERTA A KLAUS EICHMANN
Imagen de cubierta: NOSOTROS, LOS HIJOS DE EICHMANN
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No Disponible
Editorial: 
Coleccion del libro: 
Idioma: 
Castellano
Número de páginas: 
98
Dimensiones: 210 cm × 140 cm × 0 cm
Fecha de publicación: 
2006
Materia: 
ISBN: 
978-84-493-1149-9

Adolf Eichmann fue el principal responsable del transporte de los judíos a los campos de exterminio masivo. En esta carta abierta al hijo de Eichman, Klaus, Günther Anders aborda, con la pasión que le caracteriza, este terrible periodo de la historia, y en ello se basa para recordarnos que estas ignominias no son patrimonio exclusivo del pasado, pues todos somos hijos del mundo de Eichmann: el mundo del exterminio sistemático, cuyos monstruosos efectos superan nuestra capacidad de comprensión. De ahí el peligro de que lleguemos a funcionar como engranajes de esas mismas máquinas, sin resistencia y sin conciencia; de que nuestra fuerza moral claudique ante su poder y de que cada uno de nosotros se convierta en otro Eichmann.

AUTOR/A

ANDERS, GÜNTHER

Nacido en 1902, fue soldado en la Primera Guerra Mundial<BR>a los 16 años; alumno de Husserl y Heidegger, ya en 1928 es uno de los más audaces denunciadores del hitlerismo como producto del capitalismo alemán, y en 1933 debe marchar al exilio con su mujer, la filósofa Hannah Arendt (la autora de La banalidad del mal, Poder y violencia, Eichman en Jerusalén). En Estados Unidos trabajará como obrero en fábricas y allí experimentará<BR>el significado de la dependencia del hombre a la técnica. En 1950 regresa a Alemania donde seis años después publicará su obra fundamental: Lo anticuado del ser humano. Visita Auschwitz y dirá: "Si se me pregunta en qué día me avergoncé absolutamente, responderé: en esta tarde de verano cuando en Auschwitz estuve ante los montones de anteojos, de zapatos, de dentaduras postizas, de manojos de cabellos humanos, de maletas sin dueño. Porque allí tendrían que haber estado también mis anteojos, mis dientes, mis zapatos, mi maleta. Y me sentí -ya que no había sido un preso en Auschwitz porque me había salvado por casualidad- sí, me sentí un desertor".<BR><BR>"No fue por su participación en el movimiento dada, ni tampoco<BR>por los dibujos del Rostro de la clase dominante (desde ahora puesto en un plano de igualdad con los Desastres de Goya<BR>o los dibujos de Daumier para la Cencerrada) por lo que Grosz fue conocido o renombrado en los mayores círculos extra-artísticos, sino por el escándalo que suscitó su obra Crucificado con máscara de gas."<BR><BR>(Günther Anders)