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La hora sonó

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«Y en la oscuridad le sonrío a la vida, como si supiera algún secreto mágico que pudiera desmentir todo lo malo y lo triste, y lo convirtiera en mucha luz y felicidad. Y busco la razón para tener tanta alegría. No encuentro nada y tengo que reírme otra vez de mí misma. Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma»
Kate Evans sobre Rosa Luxemburgo

¿Qué puede sanarnos en tiempos oscuros? ¿Dónde ponernos a cubierto? ¿Cómo encontrar y mantener el rayo de esperanza para seguir un día tras otro, permitiéndonos existencias dignas y, al mismo tiempo, ofreciendo aliento a otros y otras?

¿Un punching-ball? ¿Un masaje de pies? ¿Una hora de natación o yoga? Quita, quita.

Una performance. Una acción colectiva. Una asamblea donde puedas sentirte integrada y escuchada, seas quien seas y vengas de donde vengas. El horizonte se forja en común, con el grupo que cuida, nutre, protege y dota de coraje.

Y unos pocos libros. Que alimenten tu hartazgo y tus actos de rabia organizada. Tu apoyo mutuo. En las horas oscuras, millones de palabras de rapsodas, narradoras, cronistas y activistas nos pueden ofrecer consuelo. Con-suelo. Un punto en el espacio desde donde erguirse y alzar la voz.

Un lugar desde el que poder decir:

«La hora sonó. No permitiremos más tu doctrina del shock».

Y es la hora de asomarse a la sinrazón de la Primera Guerra Mundial de la mano de Éric Vuillard y La batalla de Occidente. Podemos usar a David Diop y la historia de la guerra de trincheras con la mirada de los soldados senegaleses en Hermanos de alma. Es la hora de acompañar a Platónov a La zanja, novela en la que los obreros se encuentran cavando su propio destino, o bien de sumergirnos en el fascinante dibujo de Olivier Kluger sobre las familias que han tenido que huir de Siria, en Escapar de la guerra y de las olas. Es la hora de reclamar, junto a Lorenza Mazzetti, una violencia no solo verbal en ¿Puede prestarme su pistola, por favor? Con Maja Haderlap es la hora de entender las secuelas de la guerra en las vidas cotidianas (El ángel del olvido) y, por último, de llegar a la tercera parte del cómic La balada del Norte y el desenlace de la revolución del 34 en Asturias.

Es la hora de hacer uso de todas las fuerzas: desde las criaturas de la naturaleza al mundo de los muertos; es lo que hace Natalia García Freire en Nuestra piel muerta, fascinante narración, y también Ana Paula Maia en Entierre a sus muertos, títulos ambos que abren las entrañas. Es la hora del hartazgo por tanto ninguneo y borrado histórico; con Katie Lowe en Las furias, donde un grupo de jóvenes se reúne en torno a una profesora influyente y juguetea con la idea de poder. Es la hora de investigar a fondo a una figura famosa, no suficientemente conocida: la extraña conversión de Patty Hearst tras su secuestro, en la novela Mercy Mary Patty de Lola Lafon. Convocaremos asimismo a personajes que nunca llegarán a las portadas, que pasan invisibles, como los de los cuentos de Arelis Uribe en Quiltras. Es la hora de organizarse y pasar a la acción, con el cómic Comando Malva de Pilar Bellver y Olga Carmona. Para recontar la historia ocultada, importante no perderse Señoras que se empotraron hace mucho, de Cristina Domenech, así como utilizar narraciones subversivas para niños y niñas, como Érase una vez dos princesas. Asimismo nos podemos valer de una historia de amor que mezcla robots, médicos locos y Mary Shelley acosada por su monstruo, en el Frankisstein de Jeannete Winterson.

Es la hora de convocarnos en Arenas movedizas, la novela de Nella Larsen sobre la identidad racial y la supervivencia. Con mimbres parecidos, nos metemos en el inclasificable Ciudadana, de Claudia Rankine, que no es ensayo ni poesía ni novela, sumergiéndonos en el odio racista y sus disfraces cotidianos. Es la hora de reivindicar clásicos infalibles, como la colección de ensayos Jugando en la oscuridad de Tony Morrison, que nadie como ella para escribir sobre ser negra en los Estados Unidos. Desde el mismo lado y con aliento activista, la novedad de Charlene A. Carruthers, Sin concesiones. Es la hora de ahondar en la identidad trans con el ensayo Negra por los cuatro costados, pero también de hacerle sitio al feminismo transformador con Verónica Gago que nos narra el momento en La potencia feminista; siguiendo el hilo, hacemos sitio a la sabiduría de Gerda Lerner en La creación de la conciencia feminista.

Es la hora de narrar la peripecia de la migración organizada que recorrió Centroamérica hasta los Estados Unidos, en Juntos, todos juntos de Carlos Martínez. Como una metáfora de otras migraciones, acompañamos el periplo de una familia mestiza en pos de los “últimos hombres libres” en Desierto sonoro de Valeria Luiselli. Hacemos sitio al humor oscuro y nos vamos a Australia con los relatos de El koala asesino, pero también elegimos viajar a ese lugar donde nadie tiene que pedir permiso para existir, en el volumen Asalto a Oz. Y un recurso más: servirnos de la ciencia ficción para entender el presente, con los Diez planetas de Yuri Herrera.

Es la hora, de una vez por todas, de desordenar el sistema sexo-género y sobre todo de desafiar a todos los encasillamientos, con ¿Sólo dos? de Daniel Abiétar. Es tiempo de amor, compañía y profundidad en el maravilloso cómic La obsolescencia programada de nuestros sentimientos. Siempre es hora de Lucia Berlin, autora cuyo sentido de la humanidad se desparrama por cuentos y, esta vez, textos autobiográficos en Bienvenida a casa. Es hora, en definitiva, de frenar el desastre, con el Manual de lucha contra el cambio climático, y de prepararnos para lo que venga con todas sus consecuencias, porque ya está aquí La próxima revolución.

Como Rosa Luxemburgo, en la oscuridad le sonreímos también a la vida, y aunque no hallemos razones para ello mantendremos la alegría.

Si puede ser con libros, siempre mejor. Porque la hora sonó.