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Entrevista a Emmanuel Rodríguez, autor de "Hipótesis democracia. Quince tesis para la revolución anunciada" publicada en el periódico Diagonal, realizada por Fernán Chalmeta.

Hipótesis democracia es un libro oportuno ahora que se pide un cambio de Gobierno. ¿Cómo entender la corrupción? ¿Cómo es la crisis del régimen del 78?

La actual crisis, y, sobre todo, la fase en la que estamos de crisis institucional, la crisis del régimen, se debe entender con una única palabra que puede ser ‘desbandada’. Esto quiere decir fragmentación completa del bloque de poder y pelea entre los distintos segmentos, entre los distintos sectores de las élites, ante una situación en la que no hay una inteligencia colectiva, estratégica, que sea capaz de pensar en términos de recuperación de la legitimidad.

Leído esto, tenemos que entender una doble clave: la primera es que esa crisis es impensable sin el 15M, movimiento que mina los largos consensos que se habían establecido desde la Transición. Esa crisis de representación era larga, pero lo que hace el 15M es sacarla a la luz en términos políticos, o sea, quebrar definitivamente lo que hasta ese momento era una carcasa que, aunque débil y podrida por dentro, se sostenía. La segunda es que esa crisis institucional, que abre el 15M y que está apoyada en una crisis económica completa, se acentúa debido a la propia inercia del régimen.

Es una situación en la cual cada una de las distintas facciones que componen la clase política y los medios de comunicación opera prácticamente por su cuenta: IU con posiciones electoralistas, la cúpula del PSOE jugando a una suerte de normalización en un futuro, el PP a punto de romperse, El Mundo cabalgando sobre la crisis del PP, etc.

La oligarquía es incapaz de mantener su capacidad de cerrar filas y que esto no salga a la luz. ¿Qué es lo que nos permite pensar? Que esta crisis institucional la debemos leer como una victoria o como un resultado del 15M y del ciclo de movimientos abierto, y por lo tanto no solo como una degeneración del régimen. El reto que se nos plantea es cómo convertir esa crisis institucional en el terreno político de una radicalización democrática y es ahí donde los interrogantes son enormes.

El libro plantea la posibilidad de una revolución, ¿cuáles son esas posibilidades abiertas?

Lo primero es entender que hemos hecho caricatura de las viejas tradiciones de izquierda, que son plurales, con muchas heterodoxias, con una diversidad increíble. Por eso también somos tan reacios a hablar de revolución, porque la identificamos con ‘la revolución’ socialista, comunista, etc. Sin embargo en el siglo XIX incluso parte del XX se hablaba de ‘revoluciones’, revoluciones democráticas, que indicaban la insolvencia de un determinado régimen, de una organización del poder y de la organización social, y por lo tanto una necesaria sustitución de ese régimen y de las clases dirigentes que lo sostenían.

Lo que nos tenemos que plantear ahora no es que sea una opción ideológica, sino que es una opción obligada porque no hay ninguna posibilidad de interlocución con los poderes instituidos, no hay ninguna posibilidad de reforma. Esa es la novedad. Revolución es un cambio de régimen en el que el 1% que ahora dirige permita a ese 99% tener una cuota de poder muchísimo mayor de la que tiene ahora

En ese sentido cómo se enmarcarían los brotes verdes de la economía, a los que se agarró el PSOE y ahora se agarra el PP. ¿Son creíbles?

Evidentemente, cada partido político apuesta la estabilización a que haya una mínima recuperación económica. Europa es el único agente económico que tiene capacidad de levantar la demanda y entonces generar crecimiento económico. Podemos decir que esa situación no se va a dar en los próximos cinco años y, quizá, tampoco en la próxima década. Lo que vamos a ver son amagos de recuperación.

La crisis económica es estructural y está determinada por las propias contradicciones del capitalismo financiero europeo, que es la elección entre fomentar el crecimiento económico y permitir un aumento del gasto público generalizado; y, por otro lado, la necesidad de los grandes agentes financieros de solventar sus propios agujeros bancarios. Al optar por la segunda, se impide todo crecimiento y se aplican políticas de estrangulamiento, de extorsión, de expropiación social, de desposesión masiva, de ataque a los servicios públicos, de gobierno de los acreedores, que sin embargo mantienen la situación económica totalmente átona. Podemos deducir dos cosas: la primera es que la capacidad de una recuperación, de una salida por arriba a la crisis está claramente limitada y en segundo, que la única solución viable a medio plazo solo puede pasar por procesos de movilización desde abajo que rompan la estructura del Estado, y por tanto provoquen una democratización no solo de los estados sino de la propia UE.

Planteas el tema de la escala europea como una prioridad.

España, y por ende Catalunya, Euskal Herria, etc., son simplemente provincias dentro de un continente ya unificado en términos económicos, pero también políticos, que es la UE. La democracia o el socialismo ya no son posibles en un solo país. Tenemos que pensar en una escala que sea al mismo tiempo Estado, porque a día de hoy son los principales agentes de las políticas de reestructuración –por tanto, las posibles palancas de desobediencia, para posibles impagos de la deuda, por ejemplo– y la escala europea, que es donde deben repercutir esos procesos de democratización que se van a producir a escala de Estado. La cuestión es cómo se contagia lo que ha sucedido en Grecia y lo que ha sucedido o lo que pueda suceder en el Estado español con lo que vaya a suceder en Francia y en Alemania, donde se tendría que confirmar esa revolución democrática a escala europea.

El libro plantea el problema del poder político y de la toma del poder.

El libro es una discusión que se proyecta en varias direcciones, pero que tiene un tronco único que puede ser la recuperación de la palabra democracia. Una que recupere el sentido del término que es el de la igualdad en la participación a todos los niveles del poder explícito, y con eso me refiero a todos los niveles del Estado y también a la estructura social y la distribución de la riqueza. La propuesta sería pensar que el acceso al poder del Estado puede suponer su democratización y su disolución. Un doble movimiento que, por un lado, es de reapropiación de esos poderes, y por otro, de disolución y de reparto social de los mismos. Un movimiento que habrá que pensar tanto teórica como prácticamente.