EL ARTE DE ESCRIBIR SIN ARTE

Y OTRAS CRÍTICAS LIBERTARIAS DE LA LITERATURA ESPAÑOLA
Imagen de cubierta: EL ARTE DE ESCRIBIR SIN ARTE
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Editorial: 
Coleccion del libro: 
Idioma: 
Castellano
Número de páginas: 
136
Dimensiones: 200 cm × 123 cm × 0 cm
Fecha de publicación: 
2012
Materia: 
ISBN: 
978-84-15441-12-0

Publicado en los años treinta, El arte de escribir sin arte plasma una idea de la literatura que apuesta por una forma de escritura, y de lectura, alejada de los usos burgueses que sólo cuidan de sus intereses y de su mundo, y que rechaza los preciosismos y piruetas de estilo que suelen enmascarar la intención de no decir la verdad. «No es el hombre quien ha de hablar como un libro abierto sino el libro abierto quien debe hablar como un hombre», nos dice Alaiz, reclamando lo poco que le queda al lector y al escritor como voz del pueblo, y emparentándose a una tradición mairenesca que hoy resuena en Agustín García Calvo o Rafael Sánchez Ferlosio. En el prólogo a este libro, Javier Cercas le da la razón a Alaiz: «En lo fundamental es exacta su concepción del estilo... no olvida que lo que suena a literatura no es nunca literatura... porque el estilo verdadero linda casi siempre con la ausencia de estilo.» Este volumen pretende reunir lo mejor de la particular tarea de crítico literario del conocido como "primer escritor anarquista español", Felipe Alaiz, y ofrece una selección, realizada por Juan Bonilla, de los más llamativos de sus «Tipos españoles», una reunión de retratos literarios de grandes y olvidados nombres de la literatura española. Alaiz mezcla, con su prosa rara y potente, tanto finas intuiciones críticas como acérrimos mamporros nada menos que con Espronceda, Bécquer, Campoamor, Azorín, Valle Inclán, el Nobel Benavente o todo un García Lorca y sólo parece salvar de la quema al gran Pío Baroja. «Entre su producción más vigorosa se encuentran algunos ensayos literarios de una personalidad y una libertad sin parangón en el abarrotado panorama de los años treinta de nuestra literatura.»Juan Bonilla, del epílogo a este libro

AUTOR/A

ALAIZ, FELIPE

Felipe Alaiz de Pablo (Belver de Cinca, 1887París, Francia, 1959) fue un escritor y periodista anarquista español.

Estudió en Lérida, Huesca y Zaragoza y los superiores en Aragón donde se inició en las letras y dirigió durante dos años La Revista de Aragón (Zaragoza, 1914). Felipe Alaiz se dedicó al periodismo militante desde muy joven y para toda la vida. Alaiz fue profesor de literatura en el Liceo Escolar de Lérida, centro pedagógico de vanguardia fundado por Federico Godàs y Legido. En este centro de enseñanza coincidió con otros jóvenes maestros como Joaquín Maurín y Víctor Colomer.

Invitado por José Ortega y Gasset, colaboró en El Sol de Madrid. Allí circuló por la bohemia literaria y acompañará a Pío Baroja y Eugenio D’ors. Hay ciertas dudas sobre cuando tomó contacto con el mundo libertario pero quizá se produjo en Tarragona; poco después inició una etapa en Barcelona donde co-dirigió Revista Nueva y escribió en la cárcel el libro Quinet.

En la época del pistolerismo realiza múltiples trabajos de traducciones editoriales.

Ya durante la Segunda República colaboró en La Revista Blanca y traducciones en esta publicación de la obra del famoso historiador del anarquismo internacional Max Nettlau.

Su auténtica vocación fue el periodismo y en concreto la crítica, paradigmático de esto es el que considerara la anarquía como una actitud en cualquier régimen; consideraba que el oficio periodístico era suficiente para llenar una vida activa y colmarla, de ahí su ausencia de obra estrictamente literaria.

Se le podía considerar un hombre llano, campechano, a pesar de su gran cultura y talento literario, detestaba los círculos distinguidos, la etiqueta y la pedantería, que pudo brillar con fuerza en la intelectualidad española pero decidió permanecer al lado de los humildes.

Fue colaborador, cuando no director, de las más importantes publicaciones, y sufrió por sus artículos innumerables multas, encarcelamientos y persecuciones hasta su exilio en Francia, en donde vive sus últimos veinte años y muere en París en 1959.

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