Inicio > Los porqués del Aula Virtual de la Fundación de los Comunes

Un artículo a propósito del crowdfunding de Aula Virtual promovido por la Fundación de los Comunes: http://goteo.org/project/aula-virtual

Hace algunos años, algunos y algunas de quienes hoy componemos la Fundación de los Comunes participamos en las luchas contra la aprobación de la reforma universitaria europea: el Plan Bolonia. Más allá de las movilizaciones, encuentros varios y ocupaciones de facultades en las principales ciudades del continente, el movimiento estudiantil trajo consigo una importante aportación que ha continuado proliferando: la autoformación.

Mucho se habló en los debates de EduFactory, una de las principales redes organizativas que surgieron entonces, de la necesidad de constituir una universidad autónoma global, es decir, una universidad de universidades con planes de formación específicos, entendiendo estos como un instrumento útil para la creación de comunidades de aprendizaje que facilitaran el intercambio de debates e ideas, análisis de coyuntura, elaboración conjunta de agenda y propuestas de colaboración.

En el contexto de luchas del año 2010, ya tratamos de imaginar cómo sería una universidad de lo común o, como la llamamos entonces, una comuniversidad, que partiera de los elementos puestos en práctica por los diferentes grupos de autoformación europeos y sirviese tanto para tender puentes entre los mismos como para potenciar sus diferentes luchas concretas.

Uno de los proyectos que participó en el encuentro commoniversity fue, precisamente Nociones Comunes, que en aquel momento solamente estaba funcionando en Madrid1.

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Después de haber aflorado cursos del proyecto Nociones Comunes en varias ciudades del Estado donde se ubican dispositivos de la Fundación de los Comunes, este es el sello que ha adoptado la propia área de autoformación de nuestra red fundacional. Basta echar un vistazo a nuestro archivo de podcasts para ver la productividad y variedad de las discusiones. A través de ellas hemos tratado de aportar herramientas teóricas (muchas y variadas), metodológicas (investigación), organizativas (micropolítica de los grupos) y de intervención (p.ej., cursos de Radical Community Manager, Asaltar los cielos) a los movimientos y a la ciudadanía.

Uno de los problemas detectados, y que el aula virtual debería poder subsanar, está en cómo llevar los cursos más allá de los cursos, es decir, en cómo continuar los debates abiertos una vez acabados los planes lectivos. Ante esta situación, hace un tiempo que empezamos a buscar herramientas tecnopolíticas y a explorar las posibilidades ofrecidas por los proyectos de software libre, y vimos que con drupal se podía programar lo pensado entre todas y todos. Ahora nos encontramos en el punto de llevar a cabo este proyecto digital.

Por otra parte, es importante señalar una obviedad que, si bien no ha sido puesta en práctica todavía, hemos podido imaginar: el contexto tecnológico permite escalar e internacionalizar los programas de autoformación. Las conexiones intermetropolitanas e intercontinentales susceptibles de generarse partiendo de backgrounds temáticos compartidos toman, con este proyecto, una nueva dimensión. Tanto los ejes de discusión desarrollados hasta este momento (tecnopolítica, metrópolis, producción cultural, democracia, crisis, finanzas, feminismos), como otros distintos que esperamos contribuir a poner encima de la mesa, pueden ser puestos en escena bajo lógicas de acontecimiento. Es decir, cabe preguntarse ¿cómo sería desarrollar una escena de producción de pensamiento situado, orientado a la efectividad de la acción política, que no tenga límites territoriales? O, dicho de otra manera, ¿podemos implicar, en las discusiones que más nos interesan, a pensadores/as y activistas, sin necesidad de pagar desplazamientos, y crear una escena de discusión permanente basada en una infraestructura digital?
 

Crítica de la universidad público-privada y nueva institucionalidad de lo común.
 

No hay tendencias sociales, sino tan solo medios sociales de satisfacer las tendencias, medios que son originales porque son sociales. Toda institución impone a nuestro cuerpo, incluso en sus estructuras involuntarias, una serie de modelos, y da a nuestra inteligencia un saber, una posibilidad de previsión así como de proyecto. Llegamos así a la siguiente conclusión: el hombre no tiene instintos, hace instituciones.

Gilles Deleuze
("Instintos e instituciones". En La Isla Desierta y otros textos)

 

Ahora que el proceso de desposesión del acceso a los estudios superiores se está acelerando a pasos agigantados, lo que, como se sabe, está dejando fuera de la universidad a un número creciente de alumnos/as y profesores, y ahora que la universidad pública (o mejor dicho, público-privada, debido a la composición política de los órganos de decisión) ha entrado en una crisis profunda que está subsumiendo la producción de conocimiento a los intereses de las principales empresas (en España es un banco como el Santander, a través de su fundación, es el que escribe las directrices para una buena universidad), la auto-organización se vuelve un asunto crucial en el campo del saber. ¿Cuál es la universidad que necesitamos en este contexto de crisis? ¿Qué significa construir y desarrollar una universidad de lo común que pueda potenciar las luchas y, por qué no decirlo, que encarne nuestro deseo permanente de saber?

En este marco, el aula virtual, entendida como dispositivo que forma parte de una red más amplia, es un paso más hacia una nueva institucionalidad. Si Bolonia ha supuesto un proceso top down, de arriba abajo, antidemocrático, que en Europa produjo una ola de rechazo que supuso un precedente generacional a movilizaciones posteriores (las del marco de la austeridad que han marcado los últimos años), la autoformación prefigura un modelo de producción de conocimiento bottom up, de abajo a arriba. Una institución de lo común que pone en conexión saberes expertos con necesidades de los movimientos de transformación.

Podemos mirar en perspectiva la cuestión del saber como campo de batalla. Sin ir más lejos, a finales de los años 60, los movimientos negro y feminista impusieron los Black Studies y los Gender Studies en universidades americanas. Todo aquello que alimentaba teóricamente las luchas en el afuera de la institución fue reivindicado como necesario para el adentro. La crítica institucional se elaboró a partir de criterios de exclusión y de la necesidad de incluir todo lo que formaba parte de la producción de subjetividad en los movimientos de contestación. Hoy en día, en una situación en la que el saber se ha mercantilizado y diversificado al máximo, y se contabiliza en función del número de personas que pagan por crédito impartido, la crítica institucional es completamente distinta. En la Fundación de los Comunes vemos por ello la necesidad de crear una esfera autónoma del saber, una fuga de las dinámicas de una universidad cada vez menos franqueable y más precarizada y ocupada por figuras que parecen sacadas de un remake de Jurassic Park.

Además, las tendencias hacia la financiarización de los estudios, es decir, hacia la necesidad de endeudarse para poder estudiar (un modelo burbujista de efectos catastróficos en otros contextos) o la imposible absorción por parte del mercado de trabajo de toda la fuerza formada en las universidades convierte a estas últimas en fábricas de precarizados/as y de endeudados/as que visibilizan una operación de las entidades bancarias contra la que es justo y urgente rebelarse.

La universidad global capitalista está marcada hoy por la exigencia de la excelencia. Los criterios marcados por revistas como Higher Times Education o por la Universidad de Shangai son los que determinan la posición en un ranking, que tiene poquísimas variaciones cada año y de la que depende el acceso a fondos de financiación de estudios e investigaciones. En este sentido, las universidades españolas ocupan un lugar más que discreto, lo que se traduce en muchos/as alumnos/as por docente y en la imposibilidad de llevar a cabo los elementos positivos de la reforma universitaria, que tienen que ver con mayor tiempo de dedicación personalizada a los y las estudiantes. A este respecto, la apuesta del aula virtual tiene que ver con construir una nueva temporalidad que permita participar en la producción colectiva de pensamiento y en la elaboración de herramientas de acción y situación.

Por todos estos motivos, os pedimos que nos ayudéis a seguir escribiendo una gramática del conocimiento vivo. Una gramática del caminar preguntando que ahora requiere de una extensión digital.

Necesitamos seguir encontrándonos y preguntándonos acerca de la potencia democrática de nuestros saberes interconectados.
¡¡Gracias!
 

1. Si se quiere echar un vistazo a cómo se explicaba el proyecto entonces se puede ver esta entrevista.

 

@joanomada
omb-stupidcity.net